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jueves, 9 de junio de 2011

"10 COSAS QUE ODIO DE TÍ"

1 - TU MAMÁ
2 - TU HERMANA
3 - TUS PRIMAS
4 - TU ABUELA
5 - TU EX COMPAÑERA DE LA SECUNDARIA
6 - TU AMIGA
7 - TU VECINA
8 - LA AMIGA DE TU PRIMA
9 - TU CUÑADA
10 - YO

Verás, amor, que detesto a TODA mujer que te rodee. Y de quererte tanto, a no quererme llego.

lunes, 9 de mayo de 2011

POR LA RUTA, A 2000

Soñé cosas rarísimas. Dormí mal, pésimo, me acuerdo que hacía calor, no sé, por ahí tuve fiebre. Soñé cosas cotidianas, de mi familia, reconciliaciones tontas, encontré objetos que me importan poco y perdí hace tiempo y también estabas vos, en un capítulo. El último capítulo, como siempre.
Hacía tiempo no venías a verme, a reclamarme, a enojarte, a hacerme sentir culpable y desordenar mi cabeza. Me desperté, como cada vez que venís, con unas nauseas fatales. Los primeros diez minutos fueron de confusión, me levanté con la nuca pesando toneladas y respirando profundo para no vomitar me metí en la bañera al mismo tiempo que comenzaba a llenarse. Lavé la culpa y me calmé
La vecina que me odia y que yo odio porque me odia, escuchaba a altísimo volumen Estela Raval y los 5 latinos: "Bona Sera, señorita, bona sera", y yo en esa melodía cuarentona me sentí en una película nacional del siglo pasado, donde en Buenos Aires todavía había más personas que autos y las calles eran amplias. No me sentaron bien lo 5 Latinos, y apuré un desayuno precario para ingerir la gloriosa pastilla celeste de 2 mg que me miente más que el espejo.
Ya derritiendome al sol de otoño por mi excesivo abrigo, vuelvo a recrear las imágenes de Rodrigo enojándose, gritándome, queriendo hacer justicia. Pobre Rodrigo. Pienso en él y siento una gran impotencia al no poder hacerlo entender, en mi cabeza, que el decir la verdad no le devolverá la vida. Ojalá él también entendiera que yo podría haber muerto, lo cuál demuestra que no fue a propósito, y que no todo resultó tan malo. Absolvieron a Alfredo, al demostrar (gracias a la justicia) su inocencia, por lo cuál debería estar feliz, al menos por los demás.
Algunas noches, mientras duermo, cuando recreo en mi mente el siniestro, me veo haciendo lo que debería haber hecho y no hice. Arrodillarme ante él, poniendo su cabeza sobre mis piernas, y acariciándolo en sus últimos minutos con un: Rodrigo ...Bueno, bueno Rodrigo. Ya está.


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lunes, 2 de mayo de 2011

AMOR PROPIO

Nunca he sido una persona con suerte, pero tampoco desgraciada. Puedo decir que tuve una linda infancia en un pueblo, una mejor adolescencia y fueron "sanos" mis primeros años de adultez. Aunque nunca supe cuándo fui adulta por primera vez, todo lo mido desde el día que me fui a la ciudad a estudiar.
Bien tradicional, de pueblo y chica de familia, desde joven edad tuve mi novio (en las pequeñas ciudades, si no lo tenés, das que pensar), de una buena familia como la mía, lo cual les daba a mis padres mucha tranquilidad y a la sociedad una total aprobación de la pareja, más allá de todo. Fueron diez años de idas y vueltas, peleas y perdones, amores y odios, rutinas y sorpresas. Pero eso fue todo. Un día, un jueves que recuerdo con exactitud porque daban la serie que más me gustaba en Sony, en el segundo bloque publicitario, disparé con más duda que certeza la posibilidad de un tiempo. Él, perplejo asintió por inercia, pero yo sabía que si lo pensaba, también lo deseaba.
Lo que siguió de eso fue un caos. Diez años no es poco y ahora estaba sola, esperando alguien que viniera a "romperme la cabeza" y me dejara "el mundo dado vueltas". Con estas metáforas violentas yo apostaba a quién me invitara una cerveza un viernes cualquiera, y luego escapaba. Uno se hace tanto al otro, que cuando conoce algo nuevo lo supone malo o equivocado.
Esa conducta de escapar de cualquier nueva relación que perfilara a futuro, me llevo a enamorarme más de mi soledad, que venía acompañada (gracias a Dios) por una hermosa banda ancha que al final de cada día no me hacía sentir tan sola. Fue así, como un viernes sin cerveza acompañada, me metí en un chat de "Jóvenes Argentinos" a hablar con alguien. Con mis padres no podía hacerme lo que no era, y el sistema perfecto de letras de internet me permitía ser lo que deseaba y mucho más.
Hablé con cuanto tonto uno puede suponer que existe, e inclusive conocí un nivel de estupidez superior al que ya conocía. Pero de pronto se abrió una ventana con un "hola hermoza", no pude evitar centrar mi primera impresión en esa Z equivocada e innecesaria de quien quiere ser letrado y queda como tarado, pero mis ganas de divertirme y sentirme halagada me hizo seguir el jueguito. Nunca había hecho algo así, pervertirme digo. Porque ni bien leí "hermoza" y sentí ganas de leer más, era innegable que iba por otra face.
Pasamos por las preguntas de rutina, que como estábamos, de donde éramos (mentí), qué edad teníamos, a qué nos dedicábamos (mentí otra vez) y entre histeria e histeria, al fin llegamos a la parte del sexo. No sabía tener dentro de mí el morbo virtual, pero me estaba animando a mucho más que en la vida, era de una nueva ciudad, con mejores curvas que en persona, un trabajo ideal y un pasar económico que me daba tiempo para divertirme en un chat sin preocupaciones.
Supongo que el que no me importase más que divertirme, hizo que a los 20 minutos de conversación yo ya ni registrara de donde era ni a qué se dedicaba. También tuve el detalle de no preguntarle como era, mi imaginación creaba hombres lindos y no podía correr el riesgo de que se describiera de manera poco atractiva. No quería ninguna verdad. Entraba con otro nombre y mentía porque ni remotamente, se me ocurría la posibilidad de pasar mi Msn, aunque era una contra, porque cada vez que lo negaba leía un "Lindo_cam ha cerrado la conversación". Éste me gustaba, o me gustaban sus palabras y lo lindo que era en mi cabeza, asique con una velocidad sexual y no racional, cree un ID en el Messenger con ese nombre, y busqué en mi computadora fotos. No era cuestión de googlear una, y que cuando me pidiera otra yo no encontrara de la misma modelo. Me pareció más acertado utilizar la de una amiga, que en caso de querer más, yo tenía miles. No era nada malo, no se iba a enterar y pasara lo que pasara, en caso extremo yo podía negar todo, nunca dí el perfil de chat hot.
Ya más cómodos en el Msn, con menos dudas (de parte de él, a mi la verdad me importaba poco), pasamos a la fase "¿Mañana te conectás?". Sin darme cuenta estaba dando una segunda cita, y hasta ansiosa. Esa noche me dormí con el cuerpo relajado pero la mente perturbada. Una vez "acabada" la situación, con la mente (y otras cosas) más fría me sentí bizarra, pero el sueño me pudo, y de mañana todo se ve menos trágico. La noche siguiente repetimos el acto, y lo que mejor me ponía es que él no pedía más que eso. Entre fantasías y perversiones recreábamos encuentros, pero nunca me presionó para concretar nada, ni pedía cámara ni celular, ni nada. Estábamos conectados en muchos sentidos, y buscábamos algo parecido. Eso duró más de la cuenta. Todas las noches era la cita, y si uno faltaba había pelea, explicaciones, perdones y finalmente la reconciliación sexual virtual. Todo era hermoso, había veces que no queríamos placer, nos leíamos, nos aconsejábamos, y finalmente pasó lo que iba a pasar; era tanta la confianza que me contó feliz de una chica que había conocido. Yo evité mostrarme molesta o defraudada, no iba a perderlo por una del montón que le iba a durar un suspiro. Pero con el tiempo me convertí en una amante que prestaba consuelo cuando estaba mal su pareja y fingía alegría con cada nuevo paso que daban en consolidarse.
Tarde, yo estaba hasta las manos y era un segundo plano. Tuve que cambiar de mentalidad con gran esfuerzo para no sentirme engañada, o como una mujer abandonada. Le ofrecí más, vernos, pero él mantuvo mi pedido de que todo quedase en la computadora, y yo también acá quedé. Me pasaron los años, trabajando, explicándole a la gente que no me molesta la soledad, a ellos que tan ingenuos no sabían que todas las noches en casa alguien desde otro lugar me esperaba.
Supongo que fue lo mejor que he podido hacer. Aprendí a vivir de este modo, está claro que soy una persona de acostumbrarme y no poder cambiar. Mi vida está bien, tengo mi espacio, alguien que me "quiere", nadie me discute la limpieza ni me pide la cena. Estamos en paz. En la salud y la enfermedad, hasta que el corte de la luz nos separe.



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miércoles, 20 de abril de 2011

AFUERA ("La Cola" de @Nippurdl Inspired)

Infinito agradecimiento a la colaboración y ayuda desinteresada de @_Pitufo_Grunion. Para él.


Nunca había estado en un robo a mano armada. Iba todos los miércoles al supermercado, porque con la tarjeta de débito hay un 10% de descuento, y en una compra semanal 20 pesos son 20 menos. Por lo general iba de tarde, en esa hora que las mujeres casadas han vuelto a casa después de buscar los hijos del colegio y están haciendo las compras para la cena, apuradas y enojadas vaya uno a saber con qué, o con quién.
Yo, por el contrario, veía un estorbo ir a hacer las compras, pero una vez ahí, tiraba todo mi peso sobre la baranda del carrito y me movía casi arrastrando los pies que parecían colgar. Era una mezcla de poca voluntad con tranquilidad. Miraba la lista que había escrito por el espanto de mi heladera vacía y los pocos elementos de limpieza. Miraba la lista, miraba la góndola, miraba la lista, miraba la góndola, y agarraba el café instantáneo grande, después de sumar dos frascos de 500 y verme pagando $2.5 más.
Por suerte hacía poco había cambiado la promoción de mi teléfono, lo cual me había dado un nuevo numero gratis, que ahora pertenecía a uno de mis mejores amigos. No era, lo que se dice "una joyita", pero yo lo quería, como se quiere a la familia con sus millones de defectos. A él yo ya no le marcaba los defectos, sino las virtudes que eran esporádicas pero bien recibidas. Ante cada situación aburrida e inevitable lo llamaba. Estaba en el médico y sin importarme si estaba ocupado o no, lo llamaba y mataba mis 50 minutos de espera entre charla y charla. ¿Ven? De fierro.
Mi fastidio semanal mutaba según el contexto. En mi casa me enojaba tener que salir a hacer las compras, en el supermercado me molestaba ver el carrito lleno, porque eso me decía que debía cargar con mil bolsas pesadas, y una vez agotada en mi casa por la carga, miraba las bolsas desparramadas sobre la mesada y me irritaba pensar que todavía faltaba ubicar cada cosa en su lugar. Como quien va a jugar.
Ese miércoles decidí comprar poco. Me distraje de mis compras con el estrepitoso ruido que provocaban dos nenes jugando en la cola y la discusión que siguió entre la madre de los mismos y un hombre que estaba atrás. No entendí qué pasó y eso me determinó a mirar con más atención. Noté, entonces, a una rubia que lo hipnotizaba, lo ví en sus ojos, en ambos. El tan tonto y perdido y ella tan dueña de esa sensualidad. Los movimientos torpes de él fueron muy evidentes y yo me sentí conmovida, quería ser la rubia, quería queme miraran con esa hipnosis y esa excitación. Todos esos pensamientos duraron hasta que él salió de la cola y no sé cómo ni por qué, luego de un ruido y una risa, lo encontré en el suelo, desparramado en yogurt y humillación. Me reí por vergüenza ajena y simulé estar mirando precios.
Habían pasado 15 minutos del hecho gracioso y yo seguía sin comprar casi nada. De pronto una catarata de gritos y un sacudido silencio que lo siguió me sobresaltaron endureciendo mi estómago. Un tonto quería robar el supermercado a mano armada. Yo no sé nada de armas, pero a juzgar por la manera temblorosa en que la agarraba, ni aunque fuese una AK47 podría hacer más que asustar un poco y hacer gritar a las cajeras paranoicas.
Viendo el cuadro desde atrás de un expositor de Gillette, noté lo poco sutil que fui. Un llamado anónimo había alertado al 911 sobre un joven que estaba a punto de cometer un asalto. Lo vi mirarme mientras caía, infantil y asustado. Lo vi preguntarme por qué con la mirada, y me escondí. No debió confesarme mientras hablábamos entre góndolas y promociones de su próxima aventura delictiva, justamente hoy, justamente aquí. Cuando todo se calmó, compré 2 o 3 cosas que ni recuerdo, pagué y me fui. Había entregado a mi amigo en un torpe atraco mal improvisado y estúpido, y me sentí tan mal que solo pude pensar que le había hecho un favor. Al fin y al cabo él siempre andaba en estas cosas y ahora solo lo guardaban por un intento de robo. Quizás de llegar más lejos, en otro momento lo hubiesen matado y lo quiero tanto que no lo hubiese soportado. Al final, sin echarle la culpa a nadie, es cierto aquello de que por amor terminamos mal. ¿Donde andarán?.

jueves, 14 de abril de 2011

NO ME HABLEN DE DEPRESIONES

Yo sé de depresiones. Sé de depresiones porque me he deprimido mucho. Y no lo digo con algarabía ni orgullo, es una vergüenza asumida y un poco de impunidad ante ciertos ataques. Yo sé de qué hablo cuando hablo de no salir de la cama sin estar enfermo, si es que la depresión es estar "sano".
Una vez estuve mal, muy mal. Eran tiempos raros y yo terminé así: en la cama durante día y noche sin dormir. No hablo de una semana, fueron dos meses sin recreos, sesenta soles y cincuenta y nueve lunas. Ni más ni menos. Las vi todas, o creo eso. Ya no recuerdo con exactitud si dormí algo o no, creo que tampoco comía. Tenía nauseas la mayor parte del tiempo y si dormía algunos minutos despertaba para vomitar. Era raro, yo sufría mucho y sólo recuerdo con claridad que esperaba las 10 de la mañana para sintonizar Guinzburg en "Mañanas informales". Eso sí lo recuerdo.
También recuerdo que mis hermanas venían a visitarme, incluso las recuerdo llorando sentadas en la cama, pidiéndome, como quien ruega por su propia vida, que me levantara o hiciera algo, que así no podía seguir, que tenía que haber algo que me hiciera feliz, que iba a terminar mal, que tenían miedo.
Cuando quise acordar mi vida ( o mi NO vida) había salpicado a una de ellas, quién había optado por dejar de ir a la facultad, adjudicando como motivo que tenía miedo de lo que yo podía hacer. Yo solo me limitaba a escucharla, a veces lloraba y en ocasiones me enojaba porque no entendía que yo no pensaba salir de donde estaba, que me diera el derecho de elegir mi final, que ya era grande, que me respetara un poco. Ella, desconcertada y más desesperada, me tiraba por la cara amenazas infantiles: "Vamos a llamar a mamá y papá", y yo lo único que quería era descansar, dormir, dormir mucho, para siempre tal vez.
Escuchaba que en el comedor de mi departamento se juntaban mis hermanas y mis cuñados en largas conversaciones, buscando soluciones que nunca iban a encontrar. Yo, por ese entonces, reescribía en mi cabeza el libro "Veronika decide morir", me sentía Veronika cada vez que pensaba en mi hermana. Ella vivía conmigo y esos meses la había visto tan mal que creía que si salía a hacer compras y al volver me encontraba muerta, le iba a arruinar la vida. Era lo único que me detenía y me recordaba que aún conservaba la cordura. Entonces la empecé a odiar, porque si yo no la amara tanto ya lo hubiera hecho, si no pensara en su dolor ya hubiera acabado con el mío. ¿Por qué estiraba lo que iba a suceder en algún momento?. Ella también merecía acabar con todo esto y yo tenía el final en mis manos.
Durante ese tiempo la psicóloga iba a mi departamento, hacía como terapia a domicilio por la extremidad de mi situación y cuando todo llegó al límite planteó dos opciones: internarme (según ella, por mi seguridad. Es decir, protegerme contra mí), o que volviera a mi pueblo, con la contención de mis padres hasta encontrar cierta estabilidad. Que eso también me haría bien, pero cualquier lugar donde estuviera contenida y segura. Me ví acorralada, estaba un poco perdida, desganada, silenciada, ojerosa, sin comida y con una gastritis asesina, pero no perdí ni un segundo en decidir que me iba. No podía entrar a una clínica, eso era un camino de ida, ahí iba a empezar mi verdadera locura y yo no podía soportar un gramo más.
Cuando dí mi palabra (la primera en mucho tiempo) ya tenía a mis padres subiendo por el ascensor. No comprendo cómo habían viajado esos 400 km en los minutos que tardé en decidir, o si quizás no fueron solo minutos. Hice lo que debía, emprendí mi vuelta a casa.
Ahora estoy acá, finalmente salí de esa cama, de ese departamento, decidí vivir, elegí bien. Y aunque no lo logré por el maldito camión que quiso adelantarse insólitamente en un puente, enviándome al purgatorio sin escalas, ahora me siento a escribir mi historia mientras espero mi sentencia. De ser culpable no voy a renegar, es el precio del desprecio a la vida. Asíque a mi, no me hablen de depresiones.



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martes, 5 de abril de 2011

DINERO FÁCIL

Hoy me levanté decidida a jugar a la quiniela. Jugar a la quiniela me hace sentir vieja, y aunque sé que no lo soy, un poco esquivo decirlo. En realidad me gustan todos los juegos, aunque no tanto como las apuestas. Me gusta apostar, pero nunca juego a la quiniela.
Tengo la habilidad de hacer todo un "qué apostamos" o "bueno, pero juguemos por algo". No tengo una adicción definida, aunque he sabido, por extrema experiencia, que perder te lleva a jugar cada vez más (una ecuación poco racional).
¿Dije que no tenía una adicción definida?. Bueno, en realidad no creo tener ni siquiera una adicción, es más bien una necesidad. En algún momento de ansiedad llegué a pensar que era un buen trabajo, pero siempre supe que requiere de inteligencia, concentración, dedicación, un buen monto para iniciar y la carencia de varias cosas que están bien vistas en la sociedad.
Tampoco creo que me guste tanto como para hacerlo todo el día. Me gusta el juego, más las apuestas, pero mucho más la plata. La plata fácil, esa que sabe a victoria, que tiene olor a triunfo, que no se victimiza por el trabajo, que tiene aire de soberbia.
Sí, me gusta el dinero soberbio, ese que se alardea, que le dice a los demás "vamos, ahora diganme que es cualquiera lo que hago. Ya quisieran ustedes tener esto en la mano, ya quisieran haber ganado", mientras escucha frases en tono de chiste que te dicen: Tirá algo para acá.
Ahora no solo mi dinero es soberbio, yo también lo soy, soy más que ellos, supe ver antes, supe arriesgar, y encima me divertí.
Saber jugar es tener claro que siempre se gana, de la boca para afuera. Las perdidas no se cuentan. Nadie que sepa jugar pierde, por eso todos siempre perdemos más de lo que ganamos.
En mi familia siempre se repitió la frase "el dinero que fácil llega, fácil se debe ir", cada vez que encontrábamos algo o lo ganábamos. Pues bien, supongo que el inconsciente familiar es algo que se arrastra toda la vida, y yo también lo arrastré. Entonces viene el momento del dinero fácil, el que se multiplicó por un sueño, un cumpleaños o una fecha importante. El que ahora es mucho más que el que te ganaste con el sudor de tu frente, no es honrado, se tiene que ir fácil, pero la ambición es peor. Entonces lo lógico es, teniendo un monto importante, volver a jugarlo a otro numero que quisiste antes cuando no te alcanzaba para tanto, porque de ganar... ganás mucho más, y sucede que lo perdés. Lo perdés porque en el fondo querías perderlo, te pesaba demasiado, pero no podés evitar angustiarte, enojarte, arrepentirte. Es tarde otra vez.
Ahora volvés a ser nada, volvés a donde empezaste, no sos un visionario, no tenés soberbia, nada sabe a victoria y mirás el reloj porque se te hace tarde para ir a trabajar.


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jueves, 24 de marzo de 2011

ASI ESTAN LAS COSAS PAIS, Y SE LAS HEMOS CONTADO

Todos, o casi todos bajo el mandato social, indicarían que un 24 de marzo se debería escribir de la dictadura. Contar milimetricamente el golpe de estado, la cantidad de desaparecidos y torturados, los centros clandestinos, las ironías del deporte y las películas.
Pero no, saliendo de la lógica, y yendo directamente a la sensatez, no puedo evitar hacer mayor foco en el famoso "feriado puente". Bajo un gobierno que ha utilizado la dictadura Argentina como bandera, que hizo eco de su postura de militancia y persecución recibida, hoy tenemos por DEMOCRACIA 4 días para ir a las sierras, la playa, visitar un amigo lejano o aprovechar a alquilar las mejores películas, pedir comida por teléfono, salir a los bares y descansar como nunca. ¡Es que es genial esto de tener 8 días en un solo mes!
Ya no puedo esperar a recibir los 4 días que vienen en abril, y así vamos.
Pero no quiero hacer una crítica al gobierno, quiero hablar de hoy, desde el costado más burlón y triste que tiene este 24 de marzo.
Mientras las banderas se siguen agitando en la plaza, mientras un anciano en su casa mira por la ventana y piensa "un año más y yo sin saber nada", ignorando en su esperanza que morirá invicto de justicia, las rutas argentinas se llenan de turistas que pasean alegres de su suerte porque les ha tocado buen clima. Y no es culpa del tipo que junto el mango para escapar de la ciudad a ver correr a sus hijos por la arena, aprovechando los últimos rayos de sol caliente que nos da este verano que ya se fue. La misma arena que recibió las esquirlas del abuso, en forma de ajusticiados sin nombre. Las ironías argentinas me duelen más. Pienso mientras preparo el mate en casa, descansando este feriado.